Resistencia Obrera

Resistencia Obrera #4

Junio 27, 2008 · Deja un comentario

Resistencia Obrera #4. Versión para imprimir

1 de mayo: día internacional de la Clase

Trabajadora

Pronto celebraremos una fecha muy importante, estamos a unos días del primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, día en que se reivindica a la clase productora y a sus derechos ganados a fuerza de lucha y resistencia por generaciones antepasadas de obreros y obreras. Era una clase trabajadora resuelta a vencer a una patronal tiránica, que al igual que hoy sigue chupando de nuestro trabajo.

Por esto, las trabajadoras y trabajadores conscientes y organizados saldremos a manifestar –en una marcha alternativa- que no hemos perdido la guardia, que seguimos en pie de lucha defendiendo la causa del trabajador (a), organizando el descontento y solidarizándonos con los que pelean por mejores condiciones laborales.

Pero este día también saldrán los trabajadores (as) secuestrados por dirigentes sindicales -que no representan más que sus propios intereses- obligados más que por decisión propia a marchar y a saludar al Gobernador para demostrarle su incondicional lealtad. Como ya hemos dicho, los miles de asalariados saldrán obligados a marchar en el evento oficial y los líderes demostrarán que hay un férreo control de las explotadas y explotados regiomontanos. Se hablará de “paz laboral”, de “incremento del empleo”, etcétera, pero todos sabemos que nada es verdad, que esa “paz laboral” nos es impuesta bajo amenaza de despido y represión. Esa marcha oficial es degradante para la clase trabajadora por el simple hecho de que nos es impuesta a la fuerza y que es un acto en el que el gobierno de Nuevo León le demuestra a los empresarios – nacionales y extranjeros- que pueden invertir en el estado ya que no protestaremos por los salarios de hambre ni los despidos injustificados pues estamos bien controlados por la CTM, CROC pero principalmente por la FNSI. Nosotros pensamos que esto debe terminar; no dudamos en que llegará el día en que los millones de obreras y obreros, sometidos por estos falsos sindicatos, se levantarán para, ahora sí, organizarse democráticamente y luchar por mejores condiciones laborales.

Ahora bien, es necesario explicar brevemente el origen de la celebración del Día Internacional de la Clase Trabajadora.

Pasemos pues, a recordar aquellos grandes acontecimientos que han marcado profundamente la historia de la clase trabajadora a nivel mundial.

PRIMEROS ESFUERZOS ORGANIZATIVOS

Ubiquémonos aproximadamente en 1850, sitiados en los grandes centros industriales de Estados Unidos como Chicago y Nueva York; en aquella época las condiciones de vida de las los trabajadores no podían ser peores: la jornada laboral llegaba hasta las 16 horas (para muchos miles de hombres y mujeres la jornada se iniciaba a las 4 de la madrugada y terminaba a las 8 de la noche); el salario era escaso y sólo permitía ir malviviendo mientras había un puesto de trabajo en la Industria. En caso de cierre de la empresa, el destino para las familias obreras era el paro o la emigración. Sus Hijos trabajaban desde los 6 años y las mujeres de noche para completar el salario familiar. La miseria y la explotación eran un lugar común entre las clases trabajadoras, así como la represión policial. No es extraño, por lo tanto, que las obreras y obreros intentaran terminar con esta situación de explotación. En aquella época, miles de emigrantes europeos llegaban a los Estados Unidos en busca de un mundo mejor.

Extraños en un país desconocido, los inmigrantes crearon las primeras organizaciones obreras. Con el estímulo de luchar por acortar la jornada de trabajo, las organizaciones obreras se fueron extendiendo y fortaleciendo. Cobró auge la “Liga por las Ocho Horas”, fundada en Boston en 1869, que levantó además una plataforma de lucha de corte socialista y proclamó la “guerra de clases a los capitalistas”. En 1870 se fundó la organización secreta “Los Caballeros del Trabajo”, de inspiración anarquista. En septiembre de 1871 se efectuó una gran manifestación pública por la jornada de 8 horas en Nueva York, a la que asistieron más de 20.000 trabajadores y trabajadoras. En un congreso sindical se pusieron en evidencia que los únicos resultados realmente serios en cuanto a las 8 horas se habían logrado fuera de toda legislación, por acuerdos directos con los empresarios bajo la presión de la movilización sindical.

Finalmente se decidió que todos los sindicatos manifestaran su voluntad unánime, apoyados por la organización entera, haciendo una huelga general por la jornada de 8 horas por lo que hizo entonces una proposición práctica: a partir del 1° de mayo de 1886 se obligaría a los industriales a respetar sin más la jornada de 8 horas.

Donde los patrones se negaran, se declararía la huelga de inmediato. En el plazo previo a la fecha fijada, se llevaría la consigna por todo el país y la prensa obrera agitaría esa demanda básica de asalariados. El 1° de may o de 1886 debería estar todo listo para una gran huelga general de costa a costa. En todo el país se crearon grupos locales, especialmente encargados de la preparación del movimiento, que organizaron mítines y manifestaciones, repartieron folletos y periódicos, promovieron huelgas parciales, asambleas, conferencias, recolección de firmas y otras actividades de agitación. Ante la pujanza del movimiento sindical, ciertas empresas no pudieron esperar la fecha fijada para conceder las 8 horas sin disminuir los salarios. Más de 30.000 obreros se beneficiaron ya para el mes de abril.

PRIMERO DE MAYO
Por fin, la fecha tan esperada llegó. La orden del día para todo el movimiento sindical era precisa: ¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de 8 horas por día! ¡8 horas de trabajo! ¡8 horas de reposo! ¡8 horas de recreación!. Simultáneamente se declararon 5.000 huelgas y 340.000 huelguistas dejaron las fábricas, para ganar las calles y allí vocear su demandas. En total, 125.000 obreros conquistaron la jornada de 8 horas el mismo 1° de mayo. A fin de mes serían 200.000, y antes que terminara el año, un millón. No era la victoria absoluta; pero se había obtenido un resultado importante, por sobre, incluso, de algunas fallas en el movimiento obrero. En Chicago, los sucesos tomaron un giro particularmente conflictivo. Los trabajadores de esa ciudad vivían en peores condiciones que los e otros Estados. Muchos debían trabajar todavía 13 y 14 horas diarias; partían al trabajo a las 4 de la mañana y regresaban a las 7 u 8 de la noche, o incluso más tarde, de manera que “jamás veían a sus mujeres y sus hijos a la luz del día”. Unos se acostaban en corredores y desvanes; otros, en inmundas construcciones semiderruidas, donde se hacinaban numerosas familias. Muchos no tenían ni siquiera alojamiento.

Por otra parte, la generalidad de los empleadores tenía una mentalidad de caníbales. Sus periódicos escribían que el trabajador debía dejar al lado su “orgullo” y aceptar ser tratado como “máquina humana”. El “Chicago Tribune” osó decir. “El plomo es la mejor alimentación para los huelguistas… La prisión y los trabajos forzados son la única solución posible a la cuestión social. Es de esperar que su uso se extienda”.

No era extraño que en ese cuadro Chicago fuese el centro más activo de la agitación revolucionaria en los Estados Unidos y cuartel general del movimiento anarquista en América. Los asociaciones sindicales pero principalmente los periódicos obreros eran los centros de agitación para la organización, comunicación y lucha de la clase trabajadora. Uno de estos periódicos era escrito en alemán, el “Arbeiter Zeitung que aparecía tres veces a la semana, dirigido por August Spies, de orientación anarquista, y otro, “The Alarm”, en inglés, dirigido por el socialista Albert Parsons. Junto a ellos, un brillante grupo de agitadores, periodistas y oradores de verbo encendido insuflaba el ímpetu peculiar que caracterizaba la lucha obrera en ese Estado. La mayoría de ellos pasaría a la historia como Los Mártires de Chicago: Fielden, Schwab, Fischer, Engel, Lingg y Neebe.

Cuando estalló la huelga general del 1° de mayo, la empresa llamada McCormik seguía funcionando con el trabajo de los rompehuelgas, y no tardaron en producirse choques entre los huelguistas y los esquiroles. El ambiente ya estaba caldeado porque la policía había disuelto violentamente un mitin de 50.000 huelguistas en el centro de Chicago, el 2 de mayo. El día 3 se hizo una nueva manifestación, esta vez frente a la fábrica McCormik, organizada por la Unión de los Trabajadores de la Madera. Estaba en la tribuna el anarquista August Spies, cuando sonó la campana anunciando la salida de un turno de rompehuelgas, los trabajadores se lanzaron sobre ellos, injurias y pedradas volaban hacia los traidores, cuando una compañía de policías cayó sobre la muchedumbre desarmada y, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre ella.

6 muertos y varias decenas de heridos fue el saldo de la acción policial. En la plaza, la muchedumbre ya estaba reducida a unos pocos miles cuando 180 policías avanzaron de pronto sobre los manifestantes, los jefes policiacos ordenaron terminar el mitin de inmediato y a sus hombres tomar posiciones de disparar. Ya se alzaban los fusiles cuando, desde el montón informe de los manifestantes, se vio salir un objeto humeante del tamaño de una naranja, que cayó entre dos filas de los policías, levantando un poderoso estruendo y arrojando por tierra a todos los que se encontraban cerca. Sesenta policías quedaron heridos de inmediato y uno muerto, en medio de tremenda confusión. Fue la señal para que se desatara un pánico loco y y una carnicería más terrible que la de la víspera. Rehechos en sus filas y apoyados por refuerzos, los policías cargaron salvajemente sobre la multitud, disparando y golpeando a diestra y siniestra. El balance dejó un total de 38 obreros muertos y 115 heridos. Otros 6 policías alcanzados por la bomba murieron en el hospital y una gran cantidad de detenidos. La policía estaba más interesada en conseguir pruebas en contra de los detenidos que en localizar al que había arrojado la bomba. Se ofreció dinero y trabajo a cuantos se ofrecieron a testificar a favor del Estado.

Los locales sindicales, los diarios obreros y los domicilios de los dirigentes fueron allanados, salvajemente golpeados ellos y sus familiares, destruidos sus bibliotecas y enseres y, finalmente, acusados en falso de ser ellos quienes habían confeccionado, y arrojado la bomba que desencadenó la feroz matanza.

Ninguno de los cargos pudo ser probado, pero todo el poder del grandes empresarios, su prensa y el gobierno se volcaron para aplicar una sanción a quienes dirigían la agitación por la jornada de 8 horas. Spies, Parsons, Fielden, Fischer, Engel, Schwab, Lingg y Neebe pagaron con sus vidas, o la cárcel, el crimen de tratar de poner un límite horario a la explotación del trabajo humano.

El 11 de noviembre de 1887, un año y medio después de la gran huelga por las 8 horas, fueron ahorcados en la cárcel de Chicago los dirigentes anarquistas y socialistas August Spies, Albert Parsons, Adolf Fischer y George Engel. Otro de ellos, Louis Lingg, se había suicidado el día anterior. La pena de Samuel Fielden y Michael Schwab fue conmutada por la de cadena perpetua, es decir, debían morir en la cárcel, y Oscar W. Neebe estaba condenado a quince años de trabajos forzados.

El proceso había estremecido a Norteamérica y la injusta condena (sin probárseles ningún cargo) conmovió al mundo. Cuando Spies, Parsons, Fischer y Engel fueron colgados, la indignación no pudo contenerse, y hubo manifestaciones en contra del capitalismo y de sus jueces en las principales ciudades del mundo. De allí empezó a celebrarse cada 1° de mayo el “Día Internacional de los Trabajadores”, conmemorando exactamente el inicio de la huelga por las 8 horas. Pero fue el sacrificio de los héroes de Chicago el que grabó a fuego la conciencia obrera aquella fecha inolvidable.

HABLAN LOS SENTENCIADOS

El 20 de agosto de 1886, ante el Tribunal en pleno, fue leído el veredicto del Jurado: condenados a muerte Spies, Schwab, Lingg, Engel, Fielden, Parsons, Fischer y a 15 años de trabajos forzados, Oscar W. Neebe

Se les concedió el uso de la palabra a los sentenciados. Sus discursos se conservan. Hiela la sangre leerlos. Sus palabras, inspiradas y proféticas, jamás se podrán borrar de la memoria de la clase trabajadora.

A continuación una parte del discurso del revolucionario alemán MICHAEL SCHWAB, quien contaba con la edad de 33 años en el juicio:

“Todos los días se cometen asesinatos; los niños son sacrificados inhumanamente, las mujeres perecen a fuerza de trabajar y los hombres mueren lentamente, consumidos por sus rudas faenas, y no he visto jamás que las leyes castiguen estos crímenes…

El socialismo, tal como nosotros lo entendemos, significa que la tierra y las máquinas deben ser propiedad común del pueblo. La producción debe ser regulada y organizada por asociaciones de productores que suplan a las demandas del consumo. Bajo tal sistema todos los seres humanos habrán de disponer de medios suficientes para realizar un trabajo útil, y es indudable que nadie dejará de trabajar.

¿Qué han hecho los partidos políticos tradicionales por el pueblo? Prometer mucho y no hacer nada, excepto corromperlo comprando votos en los días de elecciones. Es natural después de todo, que en un país donde la mujer tiene que vender su honor para vivir, el hombre se vea obligado a vender su conciencia…”

Con estas palabras podemos comprobar una vez más, que los gobernantes no han cambiado mucho, más que de máscara.

ESPIRITU DEL 1 DE MAYO
Todo aquel pueblo que no conoce su historia tiende a repetirla, es indispensable conocer y reconocer nuestra historia como clase social. Somos una clase social distinta a la de los empresarios y gobernantes, ¿por qué? Porque nosotros sobrevivimos de nuestros trabajo, ellos de sus propiedades; nosotros producimos la riqueza social, ellos la disfrutan. ¿Por qué son millonarios? Porque viven de nuestro trabajo, nos roban cada día que vamos a trabajarles, en una palabra: nos explotan. Y todo lo que hacen y no hacen obedece a que lo único que les interesa, es seguir siendo privilegiados en una vida lujosa y parasitaria.

Si olvidamos esto, no entenderemos muchas cosas que pasan en la sociedad. Vivimos bajo un sistema económico en donde se producen mercancías para vender, no para satisfacer las necesidades de la población, por eso los grandes empresarios no le importa si hay millones de personas sin acceso a medicinas, por ejemplo, o a una educación de calidad. Por eso venden los alimentos a precios tan altos, ellos nunca pierden, los que recibimos el golpe del alza de precios en transporte y servicios somos nosotros. Deciden aumentar todo, menos nuestros salarios.

Pero en fin, la lección que nos heredan los Mártires de Chicago, es que la única salida a los problemas que enfrentamos actualmente es la organización y la protesta. Y no es algo que no sepamos, sólo hay que acordarnos de la infinidad de veces que ha salido el pueblo regiomontano a manifestar su descontento por la falta de luz en sus colonias o por falta de escuelas.

La manifestación es un arma que debemos utilizar, sabemos que no estamos representados por los partidos políticos, porque ellos ven por sus mezquinos intereses. Tenemos que ver hacia delante, luchemos por una nueva sociedad, claro que es posible. Si queremos que nuestro mundo no termine en barbarie, la solución está en nuestra organización y solidaridad ya que sólo así podremos ver luz en la oscuridad.

¡Viva la Clase Trabajadora!

¡Viva el pueblo que lucha!

Centro de Estudios y Taller Laboral A.C. (CETLAC)

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